Traductor freelance: yo me lo guiso, yo me lo como.

Pues bien, no hay mejor forma de empezar un blog dedicado a estos menesteres que hablando sobre qué pasos debemos seguir para empezar nuestra carrera profesional en solitario una vez hayamos finalizado nuestros estudios. Sí, sí, no me he confundido, he dicho en solitario.

Lo primero que debemos tener claro es que el traductor/intérprete autónomo trabaja, normalmente, en la soledad más absoluta (aunque yo lo llamo tranquilidad maravillosa) de su despacho. En el mejor de los casos, el traductor puede optar por adaptar una de las estancias de su casa para llevar a cabo su laboriosa tarea. En otros casos (no tan acertados) se trabaja en el escritorio que hay a un lado del salón, en la mesa que tenemos en el dormitorio, etc. Los expertos aconsejan que, ya que trabajamos desde casa, intentemos separar claramente los espacios en los que hacemos nuestra vida del espacio que utilizamos para trabajar. La explicación es sencilla: si disponemos de un lugar que utilizamos exclusivamente para traducir, cuando acabemos nuestra jornada laboral podremos levantarnos del escritorio, salir del despacho, cerrar la puerta y dejar dentro, metafóricamente hablando, todos los dolores de cabeza que nuestro trabajo nos genera (que no son pocos).

Algunos me diréis: oye, Alba, no tienes razón, yo he visto ofertas de trabajo para traductores in-house (que es el término que se utiliza para hablar de los traductores en plantilla, los que trabajan en empresas in situ). Vale, es verdad, me habéis pillado. Algunas veces se ofrecen puestos de trabajo de este tipo, pero estos traductores no son freelance, es decir, no trabajan por cuenta propia sino por cuenta ajena. Son traductores en plantilla. Esta figura suele ser característica en las empresas de videojuegos, en las que necesitan tener al traductor a mano y en las que la confidencialidad de los trabajadores es primordial.

Por lo tanto, la conclusión es clara: nosotros somos nuestros propios jefes. De ahí el título del post, nosotros solitos tenemos que sacarnos las castañas del fuego.

De esta conclusión se deriva otro de los asuntos más importantes que debemos afrontar al comienzo de nuestra vida laboral. Es muy muy muy importante (y añadiría muchos “muy” más) planificar la jornada laboral. Cierto es que podemos elegir nuestro horario, nuestros días de trabajo, nuestros descansos… pero deberemos respetarlos al máximo. A ver, que no digo que no podáis parar 5 minutos para poner una lavadora o algo por el estilo (ésta es la principal ventaja y a la vez inconveniente de ser el que trabaja desde casa), pero es importante respetar las horas de trabajo para que, cuando nos pidan un presupuesto, podamos calcular acertadamente el tiempo que nos va a suponer el encargo. De esta forma podremos cumplir sin problema con el plazo de entrega, podremos calcular la tarifa que debemos aplicar (en caso de ser un trabajo tarificado por horas) e incluso nos dará tiempo a revisar nuestro trabajo antes de enviárselo al cliente.

Siguiendo estos consejos básicos, reduciremos en gran medida el estrés (no necesitamos más presión añadida a nuestra, ya de por sí, estresante labor) y podremos afrontar cualquier encargo con un resultado perfecto garantizado.

¡Felices traducciones!

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